La Violencia en la conciencia colectiva
en <<La Mala Hora>>
Por
Luis Fco. Pérez Espinosa
La violencia como fenómeno social, que al
irrumpir abruptamente en la vida de la personas, puede considerarse como un
agente patógeno que enferma la colectividad psicológicamente.
En “La Mala
Hora”, novela de Gabriel García Márquez, los pasquines aparecen cada mañana
pegados a las paredes y van creando en la gente del pueblo la angustia, que cualquier
día a ellos también les toca el turno, el de amanecer señalados por alguna
culpa oculta, y que los pasquines, en su
función divulgadora lo que hacen es poner a la luz pública o mejor al escarnio
publico a cualquier habitante del pueblo.
Es
tanto el mal, que estos papelitos producen,
que terminan causando la muerte de
Pastor a manos de Cesar Montero. Éste, al salir de su casa, ha visto uno pegado a la
pared en cual se hace alusión a la infidelidad de su mujer.
A
partir de ese episodio, la vida del pueblo se desquicia. El mismo Cesar Montero
también pierde el control sobre sí mismo. El ha matado a un hombre, y de pronto
se encuentra en la plaza dando vueltas con la escopeta apuntando
hacia la multitud. Es decir, que el asesinato de Pastor ha afectado su parte emocional, de tal
manera, que no reacciona como persona si no como un animal acorralado. Está
temeroso y desconfiado. Es el instinto de conservación que lo impulsa a apuntar
a todo el mundo, pues ya ha perdido el dominio sobre sí mismo.
Sólo el alcalde asume la actitud propia de su oficio, la de sortear la
muerte, la de policía, como en realidad lo es él. Actúa con una serenidad
pasmosa y conmina a Cesar Montero a que le entregue la escopeta, pero éste,
fuera de control le grita que se la vaya a quitar. El alcalde no se inmuta en
lo mínimo. “Calculaba cada paso, con el
dedo tenso en el gatillo y los ojos
fijos sobre Cesar Montero”. (1)
Dentro de su desequilibrio emocional Cesar Montero ha intuido que el alcalde no vacila y que al menor
movimiento es hombre muerto. Ha sentido la presencia del terror que se impone
sobre su descomunal humanidad y por eso termina entregando la escopeta.
En
el “Día señalado” de Manuel Mejía
Vallejo hay una descripción ajustada de esta situación de terror, de la manera
como se va imponiendo hasta llegar a afectar a la colectividad: “Al comienzo aquel miedo despertó cierta
desesperada vitalidad que se manifestó en la lucha, después el sentimiento de
la derrota convirtió el terror en la indiferencia hasta llegar al cinismo. Y la
violencia que de allí siguió no fue cosa que la extrema manifestación del
miedo, de parte y parte...” (2)
El
miedo impuesto a través del terror es la impotencia extrema que anula las
conciencias de las personas. Todo el mundo comienza a mostrarse
indiferente ante el hecho de la muerte y
lo ven como algo evidente. Al asesinato, la gente le da connotaciones
diferentes, a cada crimen, a cada acción que elimine físicamente a las
personas. De allí que la resistencia inicial de imponerse al crimen termina por llenar de terror y
aislar a las personas. El acoso de
fuerzas oscuras termina anulando la conciencia colectiva. Es la aniquilación
total de la conciencia, pues ésta desaparece
por la falta de una respuesta contundente frente al hecho del miedo
producido por el terror.
El
primer mecanismo de la violencia, para la anulación de la conciencia colectiva
es producir un impacto psicológico. Comienza inicialmente por el terror al no
saberse, al principio de donde viene, provoca la aparición del miedo, y la
primera reacción es la del instinto de
conservación. Entonces el terror termina imponiéndose al no haber una respuesta
que anule la acción inicial del fenómeno.
En
“La mala hora” los pasquines tocan individualidades pero en la conciencia colectiva la violencia termina imponiéndose,
pues ésta, exacerba los ánimos y no hay respuesta para ello. Nadie sabe de
donde vienen los pasquines ni como detener el efecto producido por estos.
Además
éstos cumplen una función, la de ser personaje colectivo en los que se relata la historia oculta de las
personas del pueblo. ¿Qué es lo que dicen? Verdades que todo el mundo en el
pueblo comenta, sobre todo, la de los notables.
El pueblo, al comienzo, siente satisfacción
por lo que está sucediendo, pero después, temor por las consecuencias nefastas que puedan producir, y que de alguna forma todos
se sienten culpables y afectados. Los pasquines producen burla, miedo y
finalmente terror.
Es
tal el efecto de miedo, de pavor que han producido, que la viuda de Asís le pide al Padre Ángel
que en el sermón del domingo hable sobre ellos. Está temerosa de que vuelvan
acarrear otra desgracia. En el pueblo todo el mundo está pendiente de esos
papelitos anónimos. El alcalde que parece burlarse de los pasquines dice que los “buenos ciudadanos”, como el cura los
llama, están muertos de la risa, pero para el padre Ángel, no. Para
él se trata de un caso de terrorismo en el orden moral (3).
Es
decir, que la gente le va dando una connotación diferente a los pasquines según
sea su entender e intereses. Pero no sólo eso, sino otras situaciones como es
lo del bando. Cuando éste es leído en la plaza, la viuda de Montiel exclama, “¡La muerte!” Y más adelante dice:”...
desde que el mundo es mundo el bando no
ha traído nunca nada bueno.(Pág. 131) Ella intuye que no sólo los pasquines son
responsables del terror, sino que la “autoridad” que se impone en el pueblo es responsable de la situación que se
vive y de los asesinatos que se cometen.
De
la angustia colectiva, del miedo colectivo, se pasa a lo que en realidad los
pasquines llevan implícito, la muerte y ésta se produce en la persona de Pepe
Amador como chivo expiatorio. Freud en su libro “El malestar en la cultura” dice que la historia primordial de la
humanidad es la muerte violenta, que ésta no es más que una serie de asesinatos
de pueblos, es decir, que para él la muerte es una culpa original. (4) Y
que el hombre como algo perverso no tiene reparo alguno en provocarla.
Pero
también es cierto, dice Freud que una vez que el hombre ha experimentado la
muerte en el dolor no puede ya dejarla, pero tampoco reconocerla, ya que le es
imposible imaginarse muerto (5) La viuda de Asís ha experimentado el
suicidio en la persona de su marido y teme por su hijo, Mateo Asís, pues ella
sabe que su hijo tiene aventuras amorosas y que no son nada santas.
En
la colectividad existe el conocimiento
de situaciones que han originado los
pasquines, pero que en últimas lo que
ellos producen es la violencia – que de alguna manera existe también en la
memoria colectiva de los habitantes del pueblo. Es terreno abonado para esta
clase de hechos. La violencia política se ha ensañado en las personas. Están acorralados
por un alcalde que impone su voluntad a la fuerza. La dictadura sólo se
sostiene con el terror y por el terror, pues sólo cuando ésta cae es posible liberar
el tiempo estancado en las mallas del palacio del “Otoño del Patriarca”.
Como
dice Carlos Jiménez Gómez Ex-procurador de Colombia en un trabajo sobre la
violencia que ésta ha despersonalizado y masificado la vida social colombiana,
que se deshumanizó y se convirtió en una selva donde el más fuerte y el más
astuto tiene la palabra. (6) Pero esta palabra podría entenderse entre comillas, no a través
de los argumentos razonados, persuasivos, sino que es impuesta a la fuerza, y
para ésta la clase de fuerza no es más que la de las armas que al fin de cuenta
están hechas para causar el terror y con él la muerte.
¿Quién
pone los pasquines en el pueblo? Todo el
mundo y nadie, dice uno de los personajes en la novela, pero lo cierto es que
éstos son generadores de violencia en la conciencia colectiva.
______________________________________________
[1]. GARCIA MÁRQUEZ, Gabriel. La Mala Hora. Ed. Norma.
Bogotá, 1996. pág.17
2. MEJIA VALLEJO, Manuel. El Día
Señalado. Ed. Plaza y Janés. Bogotá, 1986. pág.17
3. La Mala Hora. Pág. 128 -129
4. FREUD, Sigmund. El Malestar en la
Cultura. Alianza Editorial 2ª ed. Madrid, 1973. pág 115.
5. Ibídem. Pág. 116
6. JIMÉNEZ GÓMEZ, Carlos. Magazín Dominical. El
Espectador. No. 182. Septiembre 21 de 1986. Pág.15
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