martes, 22 de abril de 2025

 

                                                                                                                                                                                                                                                     La Violencia en la conciencia  colectiva en <<La  Mala Hora>>

Por Luis Fco. Pérez Espinosa

 

La  violencia como fenómeno social, que al irrumpir abruptamente en la vida de la personas, puede considerarse como un agente patógeno que  enferma  la colectividad psicológicamente.

 

En  La Mala Hora”, novela de Gabriel García Márquez, los pasquines aparecen cada mañana pegados a las paredes y van creando en la gente del pueblo la angustia, que cualquier día a ellos también les toca el turno, el de amanecer señalados por alguna culpa oculta, y que los pasquines,  en su función divulgadora lo que hacen es poner a la luz pública o mejor al escarnio publico a cualquier habitante del pueblo.

 

Es tanto el mal,  que estos papelitos producen,  que terminan causando la muerte de Pastor a manos de Cesar Montero. Éste,  al salir de su casa, ha visto uno pegado a la pared en cual se hace alusión a la infidelidad de su mujer.

 

A partir de ese episodio, la vida del pueblo se desquicia. El mismo Cesar Montero también pierde el control sobre sí mismo. El ha matado a un hombre, y de pronto se encuentra en la plaza dando vueltas con la escopeta  apuntando  hacia la multitud. Es decir, que el asesinato de Pastor  ha afectado su parte emocional, de tal manera, que no reacciona como persona si no como un animal acorralado. Está temeroso y desconfiado. Es el instinto de conservación que lo impulsa a apuntar a todo el mundo, pues ya ha perdido el dominio sobre sí mismo.

 

Sólo el alcalde asume la actitud propia de su oficio, la de sortear la muerte, la de policía, como en realidad lo es él. Actúa con una serenidad pasmosa y conmina a Cesar Montero a que le entregue la escopeta, pero éste, fuera de control le grita que se la vaya a quitar. El alcalde no se inmuta en lo mínimo. “Calculaba cada paso, con el dedo  tenso en el gatillo y los ojos fijos sobre Cesar Montero”. (1)

Dentro de su desequilibrio emocional Cesar Montero ha intuido  que el alcalde no vacila y que al menor movimiento es hombre muerto. Ha sentido la presencia del terror que se impone sobre su descomunal humanidad y por eso termina entregando la escopeta.

 

En el Día señalado de  Manuel Mejía Vallejo hay una descripción ajustada de esta situación de terror, de la manera como se va imponiendo hasta llegar a afectar a la colectividad: “Al comienzo aquel miedo despertó cierta desesperada vitalidad que se manifestó en la lucha, después el sentimiento de la derrota convirtió el terror en la indiferencia hasta llegar al cinismo. Y la violencia que de allí siguió no fue cosa que la extrema manifestación del miedo, de parte y parte...” (2)

 

El miedo impuesto a través del terror es la impotencia extrema que anula las conciencias de las personas. Todo el mundo comienza a mostrarse indiferente  ante el hecho de la muerte y lo ven como algo evidente. Al asesinato, la gente le da connotaciones diferentes, a cada crimen, a cada acción que elimine físicamente a las personas. De allí que la resistencia inicial de imponerse  al crimen termina por llenar de terror y aislar a las personas. El acoso de  fuerzas oscuras termina anulando la conciencia colectiva. Es la aniquilación total de la conciencia, pues ésta desaparece  por la falta de una respuesta contundente frente al hecho del miedo producido por el terror.

 

El primer mecanismo de la violencia, para la anulación de la conciencia colectiva es producir un impacto psicológico. Comienza inicialmente por el terror al no saberse, al principio de donde viene, provoca la aparición del miedo, y la primera reacción  es la del instinto de conservación. Entonces el terror termina imponiéndose al no haber una respuesta que anule la acción inicial del fenómeno.

 

En “La mala hora” los pasquines tocan individualidades pero en la conciencia  colectiva la violencia termina imponiéndose, pues ésta, exacerba los ánimos y no hay respuesta para ello. Nadie sabe de donde vienen los pasquines ni como detener el efecto  producido por estos.

 

Además éstos cumplen una función, la de ser personaje colectivo en  los que se relata la historia oculta de las personas del pueblo. ¿Qué es lo que dicen? Verdades que todo el mundo en el pueblo comenta, sobre todo, la de los notables.

 El pueblo, al comienzo, siente satisfacción por lo que está sucediendo, pero después, temor por las consecuencias nefastas que  puedan producir, y que de alguna forma todos se sienten culpables y afectados. Los pasquines producen burla, miedo y finalmente terror.

 

Es tal el efecto  de miedo, de pavor  que han producido,  que la viuda de Asís le pide al Padre Ángel que en el sermón del domingo hable sobre ellos. Está temerosa de que vuelvan acarrear otra desgracia. En el pueblo todo el mundo está pendiente de esos papelitos anónimos. El alcalde que parece burlarse de los pasquines  dice  que los “buenos ciudadanos”, como el cura los llama, están muertos de la risa, pero para el padre Ángel,  no.  Para él se trata de un caso de terrorismo en el orden moral (3).

 

Es decir, que la gente le va dando una connotación diferente a los pasquines según sea su entender e intereses. Pero no sólo eso, sino otras situaciones como es lo del bando. Cuando éste  es leído en  la plaza, la viuda de  Montiel exclama, “¡La muerte!”  Y más adelante dice:”... desde que el mundo es mundo el bando no  ha traído nunca nada bueno.(Pág. 131) Ella intuye que no sólo los pasquines son responsables del terror, sino que la “autoridad” que se impone en el                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                  pueblo es responsable de la situación que se vive y de los  asesinatos que se cometen.

 

De la angustia colectiva, del miedo colectivo, se pasa a lo que en realidad los pasquines llevan implícito, la muerte y ésta se produce en la persona de Pepe Amador como chivo expiatorio. Freud en su libro “El malestar en la cultura” dice que la historia primordial de la humanidad es la muerte violenta, que ésta no es más que una serie de asesinatos de pueblos, es decir, que para él la muerte es una culpa original. (4) Y que el hombre como algo perverso no tiene reparo alguno en provocarla.

 

Pero también es cierto, dice Freud que una vez que el hombre ha experimentado la muerte en el dolor no puede ya dejarla, pero tampoco reconocerla, ya que le es imposible imaginarse muerto (5) La viuda de Asís ha experimentado el suicidio en la persona de su marido y teme por su hijo, Mateo Asís, pues ella sabe que su hijo tiene aventuras amorosas y que no son nada santas.

 

En la colectividad  existe el conocimiento de situaciones  que han originado los pasquines, pero que en  últimas lo que ellos producen es la violencia – que de alguna manera existe también en la memoria colectiva de los habitantes del pueblo. Es terreno abonado para esta clase de hechos. La violencia política se ha ensañado en las personas. Están acorralados por un alcalde que impone su voluntad a la fuerza. La dictadura sólo se sostiene con el terror y por el terror, pues sólo cuando ésta cae es posible liberar el tiempo estancado en las mallas del palacio del “Otoño del Patriarca”.

 

Como dice Carlos Jiménez Gómez Ex-procurador de Colombia en un trabajo sobre la violencia que ésta ha despersonalizado y masificado la vida social colombiana, que se deshumanizó y se convirtió en una selva donde el más fuerte y el más astuto tiene la palabra. (6) Pero esta palabra  podría entenderse entre comillas, no a través de los argumentos razonados, persuasivos, sino que es impuesta a la fuerza, y para ésta la clase de fuerza no es más que la de las armas que al fin de cuenta están hechas para causar el terror y con él la muerte.

 

¿Quién pone  los pasquines en el pueblo? Todo el mundo y nadie, dice uno de los personajes en la novela, pero lo cierto es que éstos son generadores de violencia en la conciencia colectiva.

 

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[1]. GARCIA  MÁRQUEZ, Gabriel. La Mala Hora. Ed. Norma. Bogotá, 1996. pág.17

2. MEJIA VALLEJO, Manuel. El Día Señalado. Ed. Plaza y Janés. Bogotá, 1986. pág.17

3. La Mala Hora. Pág. 128 -129

4. FREUD, Sigmund. El Malestar en la Cultura. Alianza Editorial 2ª ed. Madrid, 1973. pág 115.

5. Ibídem. Pág. 116

6. JIMÉNEZ  GÓMEZ, Carlos. Magazín Dominical. El Espectador. No. 182. Septiembre 21 de 1986. Pág.15

 



 

 

 

 

 

 

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