martes, 22 de abril de 2025

 

A María Olaya, la abuela

 

En el corazón del jardín yace un recuerdo. (Remembranza)

Luis Fco. Pérez Espinosa

Más allá por entre los árboles se veía venir los rayos del sol con todo su esplendor. Más acá estaba el cercado de la huerta y cerca de la casa el amplio jardín que la bordeaba. En las mañanas sobre todo para la época de diciembre y enero la neblina se dejaba venir con su ropaje de blanco. A medida que el sol iba calentando las gotas cristalinas comenzaban a deslizarse por el follaje.  La mañana se despertaba con todo su trinar inconfundible de pájaros, el pico gordo, el azulejo, el toche, el sangretoro, loros, cotorras, pericos, guacamayo volaban por todo el campo buscando que comer en el maizal, el arrozal y los frutales tales como la guayaba, el mango exhalaba sus olores que provocaban saborear en el paladar. Las   abejas ronroneando sobre las flores extraían de ellas el jugoso néctar. Un enjambre, de grillos, de mariposas de todas las clases y tonalidades revoloteaba sobre el florido jardín. Entre esas mariposas estaba la del Monarca con su cuerpo negro y sus alas color naranja y con unas rayas que llegaban hasta el borde que circundaba toda la mariposa de color negro también con una serie de punticos blancos. Mi abuela diferenciaba los machos de las hembras porque según ella tenían las alas más oscuras y porque las rayas negras son más gruesas. Los machos, decía que eran más grandes, con  rayas más delgadas, además tenían unos puntos negros en sus alas traseras. Bordeando la casa el amplio  jardín sembrado de amapolas, rosas, margaritas, heliotropos, helechos, lirio, orquídeas, hortensia, lila, magnolia y las heliconias. En el amplio corredor   estaban las materas.  Por entre el jardín tres caminos cubiertos por  una serie de losas de piedra que llevaban a todas partes de la casa. En ese lugar lleno de recuerdos y nostalgias, de aroma, murmullos, ronroneo y trinos de pájaros que en las mañanas eran una sinfonía plagada de contrapuntística yace ya, hace mucho tiempo la mano laboriosa que cuidó ese edén.

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