Tarda
mucho el camino en hacerse camino
sino,
pregúntemelo a mí,
que hace cuanto comencé y,
después de tantas y tantas paradas y tropiezos
Aún
me falta no sé qué tanto terminar el mío
Julio
16 de 2010
2.
Nunca
He
de morirme algún día, quizás
en
la mañana, quién sabe
en
algún momento, puede ser
en
la tarde, tal vez
en
la noche, a lo mejor estoy de viaje
Febrero 14 de 2001
3.
Alguien semejante
La
quise con locura, con amor ferviente.
Una
y otra vez fue mía con toda el alma,
en
las noches y en los días hasta más no poder.
Era
de plata, de cristal, de nubes de algodón.
La
colmé de caricias, de besos y ternuras.
Pero
ay, me alejé un día, unos años
y
ella me siguió esperando, me contaron al volver.
La
busque por lugares ignotos, irreconocibles
En
mi desesperanza, alguien me dijo: vive allí.
Indeciso,
con el corazón en la mano, me paré en la puerta,
junto
a ella, una sonrisita con un parecido al mío
A.
María
Olaya: la abuela
4. Recuerdos
Como
no habría de acordarme de ti
si
tuyo fue mi primer grito cuando el mundo,
de
repente, llenó de aire mis pulmones.
Como
no habría de hacerlo,
si contigo aprendí el nombre de las cosas.
Como
no habría de hacerlo,
si
soy la primera estirpe de tu estirpe.
Como
no habría de hacerlo si en las madrugadas
me
levantabas con el café y el arroz con coco
venido
de tus diestras manos.
Como
no habría de hacerlo si a la distancia
me
llamabas para que viniera a comer
mientras
yo, simulaba jugar al ganado con totumos.
Soy
yo, y fui yo tu preferido.
Como
no habría de hacerlo si fuiste tú
la mano que me enseño el camino de la senda
buena.
Como
no habría de hacerlo,
si
en mí hay una parte de tus genes de sello indeleble.
Marzo
19 de 1979
5.
Mátala de un solo golpe
Mátala
de un solo golpe
suavecito
y sin rencor.
despacito
como si no quisieras
mátala
con susurros en el corazón
pero
déjala llena de amor
6.
Vocativo
Vuelve
a mí, oh, flor perdida
abrígate
de nuevo con mi follaje
bebe
de mi sabia, aliméntate con ella,
mas
no dejes unir, por si acaso, sol y sombra
el
solo para verte y la sombra para quererte
Vuelve
a mi refugio, como antes, como siempre
Te
espero de tarde en tarde al abrigo de mi soledad
Sino
lo haces seré un árbol perdido en la lejanía
En
medio de la nada y sin una flor
que
perfume mi estancia solitaria
7. El viajero
Yo
errante solitario
caminante,
meditabundo
trasmutador
de emociones,
busco
detener mis pasos
en
refugio compartidos.
Yo
errante vagabundo voy, sigo y sigo
en
mi duro trajinar solitario.
Así
se me va la vida
sin
una sombra que cobije mi andar.
8. Siempre
la misma canción.
Y
la patria se pregunta: hasta cuándo, hasta cuándo
Ella
con su hambre, su llanto y su duelo
Y
siempre la misma canción
Y
la patria se pregunta: hasta cuándo, hasta cuándo
A
lo lejos, los relámpagos retumban
ahogando
bajo el fulgor la esperanza
Y
en plena tempestad, sobre un caballo desbocado
el
jinete se cambia de nombre,
y
oculto tras él, el padrino.
El
dolor lo sustantivan de colores difusos
y
bajo los cascos, las herraduras
van
sembrando la tierra de innombrables
Por
las ciudades deambulan solitarias
figuras
como pedazos de recuerdos
tratando
de rehacer nombres en la memoria
sólo
van como aves empujadas por el vendaval
Como
en una partida de ajedrez,
alguien
tiene todas las jugadas precisas
Sólo
espera a que el otro pierda la variante
para
hacer de él su victoria coronada.
Mientras
tanto, los espectadores,
se fuerzan con las manos
a
que el suyo se haga primero
Es
el juego de la resistencia
Y
la patria se pregunta: hasta cuándo, hasta cuándo
Ya
nadie ve, ya nadie oye, todo se repite
En
dónde comenzó todo, alguien se pregunta
Alguien
lo sabe.
Y
mientras pasa el huracán
los
corazones se hacen resistencia
para
no perder lo último, lo más preciado:
La
Patria, la que reclama, la que se pregunta
Hasta
cuándo, hasta cuándo
Montería, agosto 16 de 1990.
9.
Yo te celebro Miguel
Hernández
Yo
te celebro Miguel Hernández
corazón
de pueblo, alma de combatiente,
odio
de cobardes, canto movilizador.
Te
celebro, militante de las trincheras,
para
que tu canto sea la vida.
Te
celebro para que levantes del olvido
las
figuras solitarias del hombre intransferible
Yo
te celebro Miguel Hernández
para
que lo primero, la dignidad,
no
sea la grama pisada del poderoso.
Te
celebro para que tu canto despierte
al
hombre arrodillado,
al
que perdió su norte. Y más que derrotado,
es
un mendigo de palabras mentirosas.
Yo
te celebro Miguel Hernández,
poeta
de las alturas
cantor
de la esperanza,
señor
de la palabra honrada.
Ay
de ti, Miguel Hernández,
si bajo la lápida escondida la utopía
desaparece.
Ay
de ti, Miguel Hernández, si nadie levanta tu palabra.
Ay de ti, Miguel
Hernández,
Si tu canto no viaja con
el viento de esperanzas
Ay
de ti, Miguel Hernández, si contigo,
un
luchador muere en solitario.
Junio
29 de 2003
10.
Adioses de los amigos
Cuando
tenía que dar los amigos:
unos
que se llamaban amigos
me
visitaban continuos o a intervalos.
Eran
mis amigos, eso me creía yo,
podía
nombrarlos amontones.
Entonces
gozaba de plena vida,
nos
metíamos a disfrutar de placeres,
compartir
ideas, discutir sin razones.
Esos
amigos hacen ya no sé cuanto
son
fotos y nada más.
De
vez en cuando pregunto por ellos,
no
se sabe en qué horizontes anidarán
Los
otros, los que están allí, para contarlos
sobran
los dedos de la mano.
11.
Dialéctica
Nada
sigue igual, todo cambia.
El
tiempo, la vida misma.
Los
de ayer, la familia,
fotos
y nada más.
Ahora,
ya metido en los años,
encuentro
que los descendientes
andan
con apellidos diferentes,
no
se parecen en nada a los míos.
La
gen sigue su camino
yo,
simplemente, me rezagué de él.
A Joaquín.
(El hermano)
12.
Ay, hermano, ahora tú y después…
Te
has ido hermano para nunca más.
Una
partida sin despedida y sin adiós.
Ya
no son tus pensamientos ni tu voluntad.
Yaces
allí en un sueño sin despertar.
La
niña de tus ojos se deshace en dolor,
pasa
en ella toda la vida junto a ti.
Rememora
sus ro - roes en la cuna,
los
padecimientos y las alegrías.
Cuanto
fueran sus deseos para que te levantaras,
para
verte de nuevo en tu ayer jugando.
Ya,
a sus años, se llena de resistencia,
y
en su dolor canta: <<Tus ojos se
cerraron…>>
pero
no, ya no hay reversa, la nada te reclama.
13. El
juego pictórico
A
una hora del día se capturan instantes
en
un Juego de pinceladas inimaginables.
Emerge
un universo sugestivo en apariencias,
difuminando contornos, reflejando objetos.
La
primeriedad de colores se funde
en un haz de
luminiscencia en
matices:
Oh, naranja,
Oh, verde, Oh, violeta.
Al
aire libre la vida se muestra seductora.
pinceladas
mágicas se impregnan sobre el lienzo,
un universo cromático sugestivo de apariencias
se
muestra como si fuera la vida misma.
14. En
otro sentido
Hoy
pasaste a mi lado fuera de mi mundo
Ayer,
te lo recuerdo, pasaste como si nada.
La
calle no es de nadie, ajena, de todos.
Pasamos
como figuras extrañas al universo
ni
una palabra, ni un adiós, ni una mirada.
Mañana
la vida pasaras de nuevo ante mis ojos.
Y
yo, para esperarte, llevaré tu dirección contraria
para
cuando estemos enfrente y en paralelo
poder
decirte mientras un beso va y otro viene:
amor,
permíteme romper la monotonía.
¿O
quizás, no será posible, mejor de otra manera?
Para
que yo, entonces, desde abajo,
pueda
mirarte y sentir tu éxtasis en vertical.
A Beatriz,
mi compañera
15. Es
ella y nadie más
Déjenmela tal cual como es.
Está
hecha de verdades.
Es
de carne y hueso, como tú, como yo.
Se
levanta temprano, se acuesta tarde.
Se
preocupa por mí, al igual que yo de ella.
Para
que la quiero distinta, si ella es así.
No
me encontré otra, fue ella y nadie más.
Que
pasen otras sombras, otros movimientos
Yo
las miro, no es mentira, no lo niego.
Pero
cuando vuelvo mis ojos y miro otra vez,
el
encuentro allí, como siempre,
entonces
me digo: Es ella y nadie más.
}
16.
No apagues la luz niña bonita
No apagues la luz niña bonita.
Permíteme deleitarme en mi libido.
Déjame recorrer tus encantos
aunque sea un instante.
No apagues la luz niña bonita,
guarda la pena detrás de tus ojos,
déjame aprisionar tu hermosura.
Déjame, niña bonita,
aunque sólo sea un trisito.
Mira que te lo ruego, te lo pido.
Después, ya verás, niña bonita,
que al tiempo, y
sin tu pena
pedirás a ruego que te permita mirar.
Al igual que yo, también es tu derecho.
No apagues la luz niña bonita…
17. La espera
No
te vayas amada mía, espérame, no te impacientes.
La
tierra duerme en reposado sueño.
El
sol, de seguro, llegará en la mañana.
No
te duermas, amada mía, espérame.
Te
lo suplico, te lo ruego, te lo pido.
En
cualquier momento estaré en tu presencia.
Espérame
en vigilia, aplaza el sueño por un momento.
Te
aseguro, amada mía, yo llegaré temprano.
Puede
ser a prima noche o en la madrugada.
No
te preocupes, amada mía,
de
todas maneras, siempre estaré contigo.
Porque
el amor, amada mía, es un continuo en presencia.
18. Protesta
Desde
este momento silencio y nada más.
Oír,
y silencio nada más.
Ver,
y silencio nada más.
Cada
quién haga de su vida
Yo
silencio, y nada más.
Cada
quién a lo suyo,
yo
a lo mío, y silencio nada más<
19.
Praxis (la poesía)
<<La vida el
único verso interminable>>
Gerardo Diego (poeta español>>
En su largo recorrido
ha serpenteado la historia
de mil maneras.
Lleva en su alma aliento profundo de vida
que despierta el goce infinito
pero que sublima.
Pura, noble, majestuosa,
limitada en su espacio,
pero grande en el sentir.
Polvo son hoy
quienes caminaron con ella,
los lleva, fue su aliento.
Perenne es el recuerdo
y grande es el canto que no se duerme
ni la marcha que no se detiene
en el constante despertar
de quienes miran con otros ojos
la aurora y el ocaso.
Ha venido con la palabra
y sin ella, será su partida;
si se rompe el vínculo
será su olvido,
el último canto de la vida.
Julio de 1986
A
Alfredo Zumaqué Gómez (q.e.p.d.)
<<Todo lo que
quise yo tuve que dejarlo lejos,
Siempre tengo que escaparme/ y abandonar lo qquiero>>
<<Romance de mi destino> (Abel Romeo Castillo)
20. Réquiem para un bohemio
Tu guitarra debe
haberse ido con tu alma
No había otra.
Ella, tu eterna compañera.
Bohemio de todo a
todo era tu ser
Como nadie, bacán de par en par y sin igual
No había en ti,
ínfulas de nada
Sencillez a flor
de piel y sonrisa de amistad.
Tocabas por
placer y por complacer
Tus diestras
manos sabían a diapasón
Quedo en tu andar
y de cabeza ladeada
quizás llevando
el compás de notas al oído.
Eras un caminante
de sol, de luna y de madrugadas
Negro, amigo del
alma, Alfredo tu nombre.
Anduviste en lo
tuyo, sin remordimiento,
llevando en ti,
la vida plena de melodías.
·
Perez Espinosa, Luis
Francisco. << del amor y otras historias>>
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